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RECOMIENDAN
EL EMPLEO DE FOTOGRAFIAS PARA DETECTAR CAMBIOS DUDOSOS EN LA PIEL
A veces es difícil detectar en la propia piel los
cambios visibles que pueden indicar la presencia de un melanoma o cáncer de
piel. Un estudio reciente ha demostrado que emplear fotografías del propio
cuerpo para ir analizando estos posibles signos puede llegar a ser de gran
utilidad a la hora de llevar a cabo autoexploraciones en busca de lesiones
precancerosas.
La prueba la han llevado a cabo científicos del Memorial Sloan Ketteting Cancer
Center de Nueva York. Allí, los oncólogos hicieron varias fotografías digitales
a 50 pacientes que presentaban al menos cinco nevos. Este término designa un
tipo de lesión cutánea, lunares pigmentados con bordes irregulares que han
modificado su forma original, y que se consideran uno de los principales
factores de riesgo para la aparición de un melanoma (un tipo de cáncer de piel).
Con una copia de las imágenes digitales de espalda, pecho y abdomen, los
pacientes eran enviados a casa, donde podían emplearlas como referencia para sus
propias autoexploraciones. En visitas posteriores, los expertos modificaban
algunos de los lunares de los participantes mediante lápices correctores,
dándoles una forma y un borde anormal, y empleando el color que más se asemejaba
a los lunares reales para alterarlos en tamaño y aspecto.
Los resultados que obtuvieron en los sucesivos análisis demostraron que los
pacientes que no habían contado con imágenes de referencia de su propia piel
eran menos hábiles en la identificación de lesiones sospechosas. Por el
contrario, quienes pudieron ver su dermis en imágenes, superaban a sus
compañeros hasta un 10% en la localización de cambios en los lunares.
Los expertos consideran que este método anima y enseña a los pacientes a mirar
cuidadosamente las lesiones, fijándose en los detalles más característicos. "La
exactitud se incrementa si tienen la oportunidad de mirar repetidamente la
lesión original en las fotografías", añaden. De esta manera, y teniendo una
imagen del estado inicial como punto de referencia, resulta más fácil percibir
los posibles cambios.
A juicio de los investigadores, que han publicado estas conclusiones en la
publicación "Archives of Dermatology", la combinación de imágenes y
autoexploraciones puede convertirse así en un buen método para mejorar la
exactitud de los diagnósticos.
Aunque la existencia de numerosos nevos puede llegar a dificultar estos
exámenes, la extirpación de todos ellos resulta una medida poco práctica, de
manera que un cuidadoso seguimiento de cualquier pequeño cambio sospechoso
resulta fundamental a la hora de detectar aquellos lunares cancerosos.
La importancia de la detección precoz no es pequeña: identificar a tiempo estas
lesiones es fundamental para aumentar las posibilidades de vencer al melanoma.
De hecho, recuerdan los especialistas, las sospechas que despierta un lunar que
cambia de forma, tamaño, color o textura por parte de la pareja o un familiar
suele ser el primer signo de alerta y el modo más frecuente por el que se
descubren la mayoría de los cánceres de piel.
"Existe una relación directa entre el diagnóstico precoz y la supervivencia del
paciente", subrayan los investigadores. Y para ello, la Academia Americana de
Dermatología destaca la importancia de los autoexámenes.
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